Se sabe que la crisis energética es un tema clave hoy y para los próximos años, pues las actuales fuentes de energía se reducen cada día que pasa y los recursos se agotan en todos los rincones del mundo. Y para ello, las grandes potencias mundiales ya han recurrido a nuevas tecnologías para producir nuevas fuentes de energías renovables, como puede ser la eólica, la solar, la fotovoltaica, la hidroeléctrica, la termosolar, entre otras.
Sin embargo, el debate en la comunidad internacional es claro: las grandes potencias ya han crecido y, cuanto más lo hacen, más consumen y contaminan, utilizando los recursos del planeta. Hoy, esas grandes potencias exigen a los países desarrollados que no crezcan a grandes tasas –como lo hicieron ellos- o lo hagan pero con tecnologías sostenibles, lo cual causa el rechazo absoluto de las naciones en vías de desarrollo. ¿Cuál es el motivo?
Por un lado, los países en desarrollo ya han crecido a altas tasas, han consumido más energía y han contaminado el planeta. Si las naciones emergentes quieren crecer a altas tasas, deberán incorporar tecnologías sostenibles que no disponen y elevar el consumo tarifario, que constituye una medida muy impopular pues se traduce en el aumento de impuestos.
Entonces, los países en desarrollo reclaman inversión y financiación internacional para incorporar nuevas tecnologías, y las grandes potencias no tienen intención de financiarla. Allí reside la principal discusión, hoy, a nivel global.

