En constante avance en búsqueda de desarrollar nuevas fuentes de energías renovables, científicos trabajan con una gran variedad de especies de hongos para intentar fabricar biocombustibles más eficientes que los conocidos hasta el momento. Y desde que se decidió explorar la naturaleza para descubrir nuevos recursos para el hombre y la energía, se ha comprobado que de los hongos se pueden extraer gran cantidad de aplicaciones.
Ahora, científicos de todo el mundo trabajan en la generación a gran escala de biocombustibles de segunda generación, lo que significa que proveen mayores beneficios para el Medio Ambiente, con la salvedad de que resta tiempo para que se transforme esto en un sistema realmente eficiente y competitivo.
Técnicamente, la materia prima para el nuevo biocombustible es un hongo denominado Gliocladium Roseum, que fue hallado en la selva de la Patagonia, región sur de la Argentina. Sus descubridores, investigadores de la Universidad del Estado de Montana, Estados Unidos, aseguran que este hongo produce en vapor hasta 55 compuestos que, desarrollados en el laboratorio, obtuvieron un combustible prácticamente similar al de los automóviles. Además, la otra ventaja es que sería más sencilla su producción pues se utilizaría directamente la celulosa, el componente más importante.
Los investigadores establecen un valor agregado al hongo pues beneficiaría, además, al cambio climático. ¿Por qué motivo? Simplemente, porque de él se obtendría un balance cero entre el dióxido de las plantas y el liberado durante la utilización industrial. El proceso de estudio y análisis llevará más tiempo de investigación, pero constituirá un paso más en el avance de nuevas fuentes de energías renovables que sustituyan los combustibles tradicionales.
Via Consumer